La tecnología ha invadido
nuestra vida en muchos sentidos. Puede facilitarnos el trabajo y las actividades
de la vida diaria pero también ha cambiado la manera de interactuar de las
personas. Las redes sociales se han vuelto el escenario en el que se conoce
gente, se forman parejas y hasta se terminan relaciones. El mundo virtual plantea
una paradoja, podemos sentirnos muy lejos, y a la vez, muy cerca del otro. Los
límites se vuelven difusos en esta nueva realidad compartida (virtual) y ello
puede llevar a mostrar en ocasiones, más de lo que se quisiera bajo el amparo
de la “distancia” geográfica; y a la vez, animados por la “cercanía” emocional
que experimentamos en ese espacio. No obstante, es necesaria una cuota de
realidad física para consolidar un vínculo. Nuestros sentidos, aunque falibles,
permiten un contacto más directo con las personas, así como la posibilidad de corroborar
la atracción mutua, las intenciones reales del otro y la profundidad de la
relación. Si bien el uso de mensajes de texto y el chat ayudan a mantener un
contacto constante con la pareja, la relación puede verse afectada si solo nos
quedamos en el ámbito virtual y no construimos una intimidad física y emocional
en el mundo real.
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jueves, 25 de julio de 2013
Amor cibernético
La tecnología ha invadido
nuestra vida en muchos sentidos. Puede facilitarnos el trabajo y las actividades
de la vida diaria pero también ha cambiado la manera de interactuar de las
personas. Las redes sociales se han vuelto el escenario en el que se conoce
gente, se forman parejas y hasta se terminan relaciones. El mundo virtual plantea
una paradoja, podemos sentirnos muy lejos, y a la vez, muy cerca del otro. Los
límites se vuelven difusos en esta nueva realidad compartida (virtual) y ello
puede llevar a mostrar en ocasiones, más de lo que se quisiera bajo el amparo
de la “distancia” geográfica; y a la vez, animados por la “cercanía” emocional
que experimentamos en ese espacio. No obstante, es necesaria una cuota de
realidad física para consolidar un vínculo. Nuestros sentidos, aunque falibles,
permiten un contacto más directo con las personas, así como la posibilidad de corroborar
la atracción mutua, las intenciones reales del otro y la profundidad de la
relación. Si bien el uso de mensajes de texto y el chat ayudan a mantener un
contacto constante con la pareja, la relación puede verse afectada si solo nos
quedamos en el ámbito virtual y no construimos una intimidad física y emocional
en el mundo real. jueves, 19 de abril de 2012
Conectividad permanente
Dos personas sentadas
tomando café en silencio, cada una atenta a su celular comunicándose virtualmente
con otras personas. Esta escena es cada vez más común. Las relaciones virtuales
ocupan buena parte de nuestra vida diaria. Los celulares con conexión a
internet son ahora los compañeros permanentes de las personas, sobre todo de
los más jóvenes.
¿Cuáles son las posibles
consecuencias de la conectividad permanente? Es cierto que el internet y las
nuevas tecnologías están al servicio de las personas y facilitan la
comunicación y el trabajo; pero en ocasiones, se tiende a depender demasiado de estas, a tal punto que
algunas personas pueden experimentar niveles altos de angustia cuando no están
conectadas a la red o a su celular.
Estar siempre conectados,
incluso cuando se realizan otras actividades como trabajar, compartir tiempo
con alguien o mientras se ve una película, lleva a dividir la atención que
prestamos. Se tiende a enfocarla en varias cosas a la vez, lo que implica que
no podamos concentrarnos en ninguna de manera óptima. En algunos casos, ello
puede ser peligroso, como cuando se contesta el celular mientras se maneja.
La conectividad permanente
además, plantea la sensación de ser omnipresentes, permite recibir información
instantáneamente, así como contestar y tomar decisiones al momento. Nadie se pierde
de nada de lo que ocurre, no hay descanso. Se está siempre presente y
disponible, y por supuesto, se pretende que los demás también lo estén. Ello
puede acortar nuestra tolerancia a la espera en el mundo real. Si no lo cree,
analice su conducta la siguiente vez que tenga que hacer un trámite presencial.
Por otro lado, estar
conectado con otras personas virtualmente, alivia en cierta medida la sensación
de soledad; pero esta no puede ser cubierta completamente porque no hay una
presencia real. Ver una imagen de la persona y escribirle o escucharla, es
parte del vínculo pero faltan otros aspectos como observar sus gestos, tocarla
y todo lo que implica relacionarnos de manera más profunda con otro ser. Cuando
el vínculo está limitado solo a lo virtual, la persona puede terminar sintiendo
un vacío, porque a pesar de que uno esté “conectado” con otros, está aislado. Al
final, paradójicamente, estar conectados permanentemente a las redes sociales,
el correo electrónico y el internet, puede generar mayor desconexión en los
contactos reales.
Etiquetas:
conectividad permanente,
desconexión,
Realidad Virtual,
relación padres e hijos,
relaciones de pareja,
relaciones interpersonales,
uso de tecnología
sábado, 28 de noviembre de 2009
Tan Lejos Tan Cerca

Muchos pensadores desde la antigüedad se han ocupado de delimitar lo real y lo irreal. Algunas definiciones señalan que Realidad es todo lo que es percibido mediante los sentidos. Otras señalan que realidad es la existencia verdadera de una cosa. Sin embargo, sabemos que los sentidos pueden ser falibles. Nos permiten captar muchos estímulos pero también están influidos por factores personales, grupales y culturales de cada individuo que median la interpretación de lo que se percibe.
Otro tipo de Realidad es la que planteó el psicoanálisis hace más de 100 años al introducir el concepto de Realidad Psíquica para diferenciarlo de la Realidad material. La Realidad Psíquica designa lo que la persona considera como real en su mente. Las fantasías y deseos inconscientes, las resistencias y conflictos que conviven dentro de la mente de una persona y que ésta considera como coherentes y verdaderos. Esta realidad interna nos lleva a actuar de determinada manera con otras personas y el contexto a nuestro alrededor.
La Realidad Psíquica entonces, no pretende ser compartida como es el caso de la Realidad externa, material, “objetiva”, sino que es particular y única. La Realidad Psíquica es individual y verdadera en cada caso, ya que solo puede analizarse a sí misma.
Por otro lado, hace un par de décadas, asistimos a la emergencia de un nuevo tipo de Realidad: La Realidad Virtual. En ésta, asistimos a una nueva manera de entender lo real. Mediante la simulación de medios ambientales y mecanismos sensoriales por computadora, la persona puede sumergirse en un mundo artificial e incluso relacionarse con otros que también están inmersos en éste. Sin embargo, estas relaciones no están mediadas por el contacto sensorial directo, aunque a pesar de ello, ofrecen una “cercanía” muchas veces mayor a la que podría darse en la vida real.
Se plantea, entonces, una paradoja en la que la persona se puede sentir muy lejos y a la vez muy cerca de otra. Dos psiquismos se vinculan, dos Realidades psíquicas únicas. Los límites entre uno y otro individuo se vuelven difusos en esta nueva realidad compartida (virtual) y ello puede llevarnos a mostrar, en ocasiones, más de lo que uno quisiera, a revelar contenidos de nuestra propia Realidad Psíquica bajo el amparo de la “distancia” geográfica y a la vez, animados por la “cercanía” emocional.
Entonces, ¿Qué es Realidad?, ¿Cuál de las tres tiene más veracidad?
Todas pueden brindarnos mucha información pero ninguna es completamente verdadera o 100% objetiva. De eso no hay duda, pero ¿en cuál confiamos más cuando nos relacionamos con otra persona?
Creo que generalmente nos sentimos más cómodos con un encuentro con otro en la realidad concreta y material, ya que a pesar de ser subjetiva e interpretable, como las otras dos, puede ser corroborada por terceras personas, lo que nos brinda una “prueba de realidad”, nos da más seguridad al momento de compartir una experiencia. Nos provee de información no verbal, que consideramos más confiable para interpretar el comportamiento de nuestro interlocutor. Nos pone los pies en la tierra, nos saca de la fantasía de lo virtual (donde se muestra solo lo que se quiere mostrar) o de nuestros contenidos psíquicos (que pueden idealizar una situación o un objeto). Nos permite relacionarnos físicamente…corroborar ciertas hipótesis sensoriales… En ese sentido, la realidad material nos permite un encuentro “más real” pero no necesariamente más intenso.
Otro tipo de Realidad es la que planteó el psicoanálisis hace más de 100 años al introducir el concepto de Realidad Psíquica para diferenciarlo de la Realidad material. La Realidad Psíquica designa lo que la persona considera como real en su mente. Las fantasías y deseos inconscientes, las resistencias y conflictos que conviven dentro de la mente de una persona y que ésta considera como coherentes y verdaderos. Esta realidad interna nos lleva a actuar de determinada manera con otras personas y el contexto a nuestro alrededor.
La Realidad Psíquica entonces, no pretende ser compartida como es el caso de la Realidad externa, material, “objetiva”, sino que es particular y única. La Realidad Psíquica es individual y verdadera en cada caso, ya que solo puede analizarse a sí misma.
Por otro lado, hace un par de décadas, asistimos a la emergencia de un nuevo tipo de Realidad: La Realidad Virtual. En ésta, asistimos a una nueva manera de entender lo real. Mediante la simulación de medios ambientales y mecanismos sensoriales por computadora, la persona puede sumergirse en un mundo artificial e incluso relacionarse con otros que también están inmersos en éste. Sin embargo, estas relaciones no están mediadas por el contacto sensorial directo, aunque a pesar de ello, ofrecen una “cercanía” muchas veces mayor a la que podría darse en la vida real.
Se plantea, entonces, una paradoja en la que la persona se puede sentir muy lejos y a la vez muy cerca de otra. Dos psiquismos se vinculan, dos Realidades psíquicas únicas. Los límites entre uno y otro individuo se vuelven difusos en esta nueva realidad compartida (virtual) y ello puede llevarnos a mostrar, en ocasiones, más de lo que uno quisiera, a revelar contenidos de nuestra propia Realidad Psíquica bajo el amparo de la “distancia” geográfica y a la vez, animados por la “cercanía” emocional.
Entonces, ¿Qué es Realidad?, ¿Cuál de las tres tiene más veracidad?
Todas pueden brindarnos mucha información pero ninguna es completamente verdadera o 100% objetiva. De eso no hay duda, pero ¿en cuál confiamos más cuando nos relacionamos con otra persona?
Creo que generalmente nos sentimos más cómodos con un encuentro con otro en la realidad concreta y material, ya que a pesar de ser subjetiva e interpretable, como las otras dos, puede ser corroborada por terceras personas, lo que nos brinda una “prueba de realidad”, nos da más seguridad al momento de compartir una experiencia. Nos provee de información no verbal, que consideramos más confiable para interpretar el comportamiento de nuestro interlocutor. Nos pone los pies en la tierra, nos saca de la fantasía de lo virtual (donde se muestra solo lo que se quiere mostrar) o de nuestros contenidos psíquicos (que pueden idealizar una situación o un objeto). Nos permite relacionarnos físicamente…corroborar ciertas hipótesis sensoriales… En ese sentido, la realidad material nos permite un encuentro “más real” pero no necesariamente más intenso.
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