“No soy inútil, al menos sirvo como mal ejemplo” es una de esas frases graciosas que se pueden ver estampadas en polos y que ahora seguramente aparecen de cuando en vez en las redes sociales. Sin embargo, si analizamos la idea a profundidad, resulta absurda. ¿Por qué alguien querría destacar entre los demás o ser señalado como un mal modelo? Cualquiera podría decir que es más lógico buscar destacar por logros y actos altruistas. Y en líneas generales, es cierto. La mayoría busca ser considerado por los demás como buenas personas, que otros tengan una opinión positiva de ellos y convertirse en un modelo a seguir. Ello señala básicamente un buen autoconcepto y autoestima, así como la consolidación de una identidad personal adecuada. No obstante, hay algunas personas que realizan actos o emiten opiniones que buscan impactar negativamente, trasgredir normas, imponer su punto de vista o incluso mostrarse déspotas o violentos como única vía de reconocimiento y aceptación social. Generalmente esta es una fase corta que atraviesan algunos jóvenes antes consolidar su identidad. Erikson señala que el adolescente experimenta con diferentes identidades negativas antes de lograr una identidad estable; pero en algunos casos, estas características permanecen y se instalan en la personalidad del individuo, reflejando una gran necesidad de ser reconocido, mirado y valorado a cualquier costo. Solo de esa manera, se logra un equilibrio, que cubre carencias tempranas y dificultades para integrar las diferentes identificaciones de sí mismo.
*Publicado en el segmento Mi Hogar de El Comercio el domingo 29 de enero de 2012.
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domingo, 29 de enero de 2012
jueves, 28 de julio de 2011
Etapa de búsqueda
La juventud se caracteriza por su ansia de búsqueda, experimentación y sensación de vulnerabilidad. Los jóvenes piensan que nada les va a ocurrir y ello los lleva, muchas veces, a correr riesgos sin tomar en cuenta las consecuencias de sus actos. Unido a ello, la búsqueda de identidad personal, tarea principal de la adolescencia, puede llevarlos a experimentar, de acuerdo a Erikson, diferentes identidades “negativas” antes de lograr consolidar una identidad estable. Estas identidades “negativas” o difusas que se expresan generalmente como una abierta rebeldía y oposición hacia los padres, tienen como objetivo diferenciarse de estos y de los demás, encontrarse a ellos mismos y alcanzar su singularidad como personas. Ello lo observamos por ejemplo, en los miembros de las pandillas que buscan en la identidad grupal su particularidad, ya sea esta positiva o negativa. El grupo les brinda la cohesión y estabilidad necesarias mientras cada miembro está en proceso de encontrar y consolidar sus características propias. Sin embargo, esta pseudoidentidad previa puede llevarlos a involucrarse en problemas de drogas o incluso delitos por el afán de sobresalir de alguna manera. Cuando los jóvenes logran consolidar una identidad real y propia, unificando las diferentes identificaciones previas infantiles y definiendo qué quieren ser y cuál es el sentido de su vida, las identidades “negativas” se dejan de lado. El papel de los padres en este proceso es acompañar a sus hijos en esta fase de búsqueda y experimentación de diferentes roles, guiándolo y aconsejándolo pero sin limitar su autonomía, ya que cualquier censura o presión podría traer más rebeldía.
Un extracto de este texto aparece en el Punto de Vista del segmento Zona Familiar del lunes 25 de julio de 2011.
http://elcomercio.pe/impresa/notas/ayude-su-hijo-decir-no-drogas/20110725/944986
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