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domingo, 24 de junio de 2012

Sostener y conversar


La agresividad es un impulso innato en el ser humano. Si un bebe no llora por alimento, no podrá sobrevivir; y más adelante, puede ser imprescindible como defensa ante una amenaza grave en una situación extrema. Sin embargo, para convivir en sociedad es necesario modular el monto de agresividad y ello es un aprendizaje que se va adquiriendo desde los primeros años. Todos los niños en algún momento han expresado sus impulsos agresivos frente a otros, mediante gritos, golpes o destrucción de objetos. Algunos niños pueden tender a expresar agresividad más que otros y ello dependerá no solo del temperamento propio sino de diversos factores del entorno familiar y escolar, así como experiencias y procesos internos relacionados a su etapa de desarrollo. Generalmente, la agresión aparece cuando no es posible expresar por otras vías el disgusto, la rabia o la frustración. A medida que crecen, las personas van aprendiendo a poner en palabras las emociones que experimentan pero durante la niñez es necesario que se ayude a los niños en este proceso sosteniéndolos con cariño y calmándolos para entender qué está provocando esa reacción. Es conveniente conversar con ellos sobre sus emociones para que puedan expresarlas verbalmente. Lo más importante es mantener la serenidad y no reaccionar violentamente en ningún caso.

domingo, 1 de abril de 2012


PSICOMAIL

Génesis de un asesino

Por: Adhara Ampuero Sala

Los asesinatos son noticia de todos los días, ya sean los pasionales o los planificados cuidadosamente. El nivel de violencia en la sociedad está en escalada y se vuelve cada vez más común en todos los ámbitos. Esto hace preguntarse: ¿cómo se convierte alguien en asesino? Si bien el impulso agresivo es parte de la naturaleza del ser humano, no se puede decir que los homicidas nacen siéndolo. La tendencia criminal se desarrolla y se refuerza, en muchos casos, por un ambiente dañino y negativo, que privilegia la violencia como el medio válido para resolver los problemas. Hay diversos factores que pueden empujar a la persona a cometer un crimen y no se puede establecer una receta única para crear a un homicida. Sin embargo, estudios sobre la niñez de criminales han encontrado algunas características comunes: castigos, abusos y una disciplina injusta, hostil e inconsistente. Es decir, una misma conducta puede desencadenar una brutal golpiza o ninguna reacción, de manera que el niño no puede identificar un patrón adecuado o inadecuado en su comportamiento. Se encuentra además un alto grado de inestabilidad familiar, así como relaciones interpersonales deficientes caracterizadas por la falta de empatía y soporte emocional. Todo ello lleva a pensar en la importancia de invertir en la prevención en salud mental dentro de las familias.
*Publicado en el suplemento Mi Hogar de El Comercio. http://elcomercio.pe/impresa/notas/genesis-asesino/20120401/1395312

domingo, 9 de octubre de 2011

Agresión y violencia

PSICOMAIL
Por: Adhara Ampuero Sala
Domingo 9 de Octubre del 2011

Todos los días somos testigos de hechos violentos que nos sorprenden y horrorizan. La agresión y la violencia son parte de los seres humanos, aparecen en todas las culturas y es la sociedad la encargada de normar las conductas violentas para salvaguardar a los individuos.
Pero, ¿es lo mismo agresión y violencia? Los impulsos agresivos están presentes desde que nacemos, se expresan a través del llanto del bebe, y más adelante, en el acto de morder, pegar, entre otras conductas. Poco a poco, mediante la educación, los niños aprenden a modular estos impulsos y expresarlos de una manera adecuada y constructiva. Un monto de agresividad es necesario para la acción, nos brinda el empuje para lograr lo que queremos, expresa vitalidad, energía y permite la sobrevivencia (si un bebe no llora, no recibe alimento cuando lo necesita).
Sin embargo, cuando el nivel de agresividad es muy alto para ser manejado, o no se tiene un adecuado control de impulsos, esta energía puede desbordarse y convertirse en actos destructivos que dañan a otros o a uno mismo. Esto es lo que llamamos violencia.
¿Qué hacer para evitarlo? Poner en palabras las emociones, cuando no podemos expresar verbalmente nuestra molestia o cólera, pasamos a la acción y esta no siempre es constructiva. Hay que expresarla a través actividades que nos beneficien a todos.