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viernes, 6 de septiembre de 2013

Presión social y trastornos alimenticios

Nunca antes como ahora la imagen ha sido tan importante en la vida de las personas. La inmensa cantidad de fotos que aparecen todos los días en las redes sociales son expresión de ello.
Una imagen vale más que mil palabras dice el dicho y la apariencia parece importar más que el interior de las personas en la actualidad. En la sociedad occidental, los patrones de belleza son rígidos y estereotipados. Basta hojear cualquier revista, ingresar a internet o ver la televisión para ser conscientes que hay un tipo de belleza que se privilegia sobre las demás. La delgadez, la estilización y las facciones perfectas (cirugías de por medio generalmente) se repiten una y otra vez en la pantalla.
No hay espacio para la diferencia, la originalidad o la imperfección en el mundo actual. Todos aspiran a alcanzar los patrones ideales y ello afecta principalmente a los adolescentes que están lidiando con cambios físicos y emocionales profundos. Se sienten inseguros de su apariencia, temen no ser aceptados. Tener el cuerpo ideal es sinónimo de éxito social, y en muchos casos, están dispuestos a recurrir a cualquier sacrificio para lograrlo.
Ello es lo que explica que gran cantidad de muchachas se sometan a dietas estrictas y se obsesionen con su peso corporal. No todas desarrollarán desórdenes alimenticios, ello dependerá de diversos factores genéticos, personales y familiares; pero la presión social que ejercen los medios de comunicación puede volverse el detonante principal para las más vulnerables.
Las páginas web que brindan trucos para ceñirse a dietas estrictas, controlar lo que comen y purgarse, reflejan cuán extendida y desesperada es la búsqueda por lograr la meta del cuerpo perfecto aunque sea a costa del bienestar físico y emocional. La presión del grupo puede influir en el ingreso a estas páginas. Si todas lo hacen, ellas también deben hacerlo.

Tal vez se pregunte cómo es posible que atenten contra su salud de esa manera. La respuesta puede estar relacionada a las características del pensamiento adolescente que los lleva a centrarse en sí mismos, vivir el momento y tener dificultades para adelantarse a las posibles consecuencias de sus actos. Piensan que la enfermedad y la muerte es algo que les ocurre a otros, no a ellos. Ser aceptados por sus pares y lograr el éxito social son sus metas principales. La tarea de los padres y de la sociedad es mostrarles la manera saludable para lograrlo.

domingo, 4 de agosto de 2013

Reus y fiestas: la vida social adolescente

Durante la adolescencia los chicos y las chicas empiezan a interesarse más por las reuniones sociales y las fiestas con los amigos. No es extraño que organicen eventos con sus compañeros de secundaria u otros amigos durante los fines de semana o asistan a los lugares en los que se juntan sus coetáneos.
Pasar el tiempo con el grupo de pares se vuelve indispensable para los jóvenes, ya que este les brinda la posibilidad de identificarse con otros que pasan por los mismos cambios que están experimentando. Los amigos se vuelven el principal punto de soporte emocional para ellos. Con estos descubren el mundo, viven experiencias nuevas y se enfrentan a los problemas que se les presentan. Ello tiene un aspecto positivo, ya que el grupo regula el comportamiento de cada adolescente, en diversos aspectos, mediante la presión grupal. No obstante, esta misma presión ejercida por los compañeros puede llevarlos a incentivar algunas conductas de riesgo como iniciar el consumo de alcohol y otras sustancias.
¿Cómo evitar que ocurra esto en las reuniones o fiestas?
Prevenir es la mejor opción y se debe empezar desde la pubertad. No hay que olvidar que la edad de inicio del consumo de alcohol es cada vez más temprana.
Los padres deben estar alertas y observar el comportamiento de sus hijos, así como la interacción con los compañeros. Las reuniones que sus hijos realicen en casa pueden ser una buena oportunidad para esto. Es importante estar presentes para asegurarse que las cosas no se salgan de control. Si la fiesta es en casa de algún compañero procure hablar con los padres de este para cerciorarse que habrá algún adulto presente y que no se les brinde licor.
Cuando los eventos son en lugares públicos evalúe si sus hijos son lo suficientemente maduros y responsables para asistir. Averigüe la edad de los demás concurrentes. Es probable que vendan licor si es un lugar para todo público y no siempre se respeta la ley que prohíbe la venta a menores.

Si bien no es posible evitar que consuman bebidas alcohólicas en algún momento de sus vidas, la idea es postergar lo más posible el inicio del consumo. Converse de esto con ellos. Hábleles sobre los riesgos y las consecuencias de consumir licor u otras drogas para su crecimiento y desarrollo. Enséñeles a mantener una actitud asertiva para no sucumbir a la presión grupal. Muéstreles con el ejemplo que el alcohol no es indispensable para divertirse y que puede llevarlos a situaciones vergonzosas, a tomar malas decisiones y hacer cosas de las que luego podrían arrepentirse.

jueves, 30 de mayo de 2013

El cigarro y los hijos

Los que han nacido antes de la década de los 80, seguramente recuerdan las nubes que se formaban dentro de las casas, bares, cafeterías y hasta aulas de clase por el humo de los cigarros. En esos tiempos en los que no había calado aún la conciencia del daño que producía fumar, los niños tenían que acostumbrarse al desagradable olor del cigarro y convertirse en fumadores pasivos irremediablemente.
Es recién en 1987 que la OMS instaura el Día Internacional del No Fumador y con ello se inician las campañas masivas para concientizar a la población sobre los efectos negativos del tabaco, no solo para los fumadores sino también para todas las personas que están alrededor de estos. Desde ese momento se ha visto una disminución progresiva de las personas que fuman. La ley que prohíbe hacerlo en lugares públicos y las campañas de información que se han realizado consistentemente han logrado modificar la actitud de muchas personas frente al tabaco pero ¿qué ocurre en los hogares? ¿Los hijos de fumadores adquieren también este hábito?

Definitivamente la conducta no sancionada en el hogar y que, por el contrario, es reforzada por las figuras significativas puede favorecer el inicio del consumo de tabaco en los hijos a pesar de que los padres no estén de acuerdo. No hay que olvidar que el aprendizaje por observación es uno de los más efectivos. No obstante, esto no se dará en el 100% de los casos. Algunos hijos tal vez rechacen el tabaco justamente por haber estado expuestos al humo permanentemente.
Asimismo hay otros factores involucrados en la adquisición del hábito de fumar. La adolescencia y sus características particulares juegan un papel importante en este caso. Esta etapa se caracteriza por la búsqueda de identidad, la importancia del grupo de amigos y curiosidad especial por asuntos que los hagan sentir adultos; y fumar sigue siendo un signo de madurez para muchos adolescentes, a pesar de las campañas informativas sobre el tema. Además el grupo de amigos ejerce una presión constante en los jóvenes para iniciar ciertas conductas y la sensación de invulnerabilidad, que acompaña a los adolescentes, juega en contra del mensaje sobre los efectos negativos que acarrea el cigarro.

¿Qué hacer? Una conducta originada por diversos factores debe ser prevenida también desde diferentes frentes. Además de las campañas permanentes que deben darse desde el nivel primario, es necesario conversar en el hogar  sobre lo dañino que es fumar y dar el ejemplo respectivo. 

jueves, 31 de mayo de 2012

Presión grupal


Tener un grupo de amigos es necesario a cualquier edad, especialmente durante la adolescencia, en la que el desarrollo social es crucial. Los y las adolescentes empiezan a formar contactos interpersonales fuera del hogar por primera vez de manera autónoma en esta etapa. El grupo de pares, es decir, compañeros de la misma edad, ofrece a los jóvenes una red de apoyo social y emocional, así como la posibilidad de identificación, en momentos en los que se sienten incomprendidos por la familia y los adultos en general.
Dentro del grupo, los adolescentes cuentan con un espacio en el que se sienten iguales, ya que todos están pasando por cambios similares. El grupo ofrece seguridad y les provee una identidad grupal mientras van consolidando la propia. Sin embargo, ello se sostiene en la similitud de sus miembros. El grupo necesita que todos sigan las mismas normas y se ciñan a los roles establecidos. Los que se apartan de estos pueden quedar fuera del grupo. Por ello, muchas veces los jóvenes se dejan influenciar para realizar determinadas conductas o tomar una actitud particular. Esto es lo que caracteriza a la presión grupal.
La presión grupal puede darse en diferentes aspectos, tanto positivos como negativos: un estilo de ropa en particular, una manera de pensar, una afición específica, entre otras. Todas las características del grupo están orientadas a darle cohesión a este y diferenciarlo de otros grupos. Nadie quiere sentirse diferente o fuera del grupo, por ello, la mayoría de adolescentes ceden a la presión. Por ser aceptados o evitar que se burlen de ellos, pueden realizar algunas actividades que no harían individualmente bajo el razonamiento: “todo el mundo lo hace”. Este argumento tiene su contraparte en los padres de familia. Cuántas veces hemos escuchado a madres preguntar: “¿Si tu amigo se tira del puente tú también lo vas a hacer?”
Muchos padres tienden a culpar a los amigos por determinada conducta de su hijo. Si bien es cierto que la influencia y presión del grupo es intensa en la adolescencia, ello no significa que se deba responsabilizar los amigos, o al grupo, de todo lo que sucede y no se pueda hacer nada al respecto. Si los adolescentes tienen valores y principios claros, fortalecen la seguridad en sí mismos y cuentan con redes de soporte en otros ámbitos, ya sean los padres, otros familiares o incluso otras personas significativas como los maestros; tendrán más posibilidades de manejar la presión grupal, especialmente en situaciones en las que la consigna del grupo pueda ser dañina o poner en riesgo su salud, como es el caso de empezar a fumar.