Cuando tenemos problemas generalmente intentamos solucionarlos hablándolos con alguien cercano, pidiendo consejo o buscando un espacio terapéutico que nos permita expresar nuestras preocupaciones, temores, angustias. La expresión verbal es la vía principal por la que los adultos logran entender y resolver sus dificultades, pero los niños generalmente expresan su malestar de otras maneras, que a veces pasamos por alto, como es el caso del juego. El juego es parte imprescindible de la vida del niño. Es a través del juego que conocen el mundo y aprenden nuevas habilidades. También les permite recrear situaciones cotidianas o imposibles, desarrollar su imaginación y capacidad para simbolizar. Mediante la representación y personificación los niños elaboran aquellas situaciones difíciles que pueden enfrentar como la separación de los padres, los temores o las enfermedades. Por ello es vital brindarles el espacio para jugar, para crear personajes que puedan vivir lo que ellos están sintiendo o experimentando. Es a través de la fantasía del juego que los niños pueden resolver las dificultades, pueden ensayar una y otra vez diferentes soluciones a una determinada situación. Un niño que es capaz de jugar es un niño sano, y si logra expresar en su juego todo aquello que está viviendo en la realidad, está trabajando en su recuperación emocional.
*Publicado el domingo 08 de mayo de 2011 en el sumplemento Mi Hogar de El Comercio.




